"La mujer en la Edad Media. Trabajo presentado ante la Universidad de Salamanca - Fundación Archipiélago para el Master en Educación Física, Seminario Nº 3 del Módulo I.: “Lo corporal en el medioevo” a cargo del Profesor: Dr. Miguel Vicente Pedraz |
I - INTRODUCCIÓN: La Edad Media es testigo de una gran ambivalencia en cuanto a las consideraciones sobre lo corporal. Una y otra vez aparecen imágenes que manifiestan la tendencia a la negación del cuerpo, sentencias sobre la renuncia a lo mundano; en el caso específico de las mujeres, la condenación de la sensualidad y de las ropas suntuosas que revelaban el cuerpo; la parquedad en los gestos; la renuncia al goce sexual; etc. Por otro lado, los distintos autores recurren constantemente a las imágenes corporales y no sólo a modo de ejemplo con intenciones didácticas si no que manifiestan la preocupación que el cuerpo de por sí despertaba. Tanto en la relación del hombre con su propio cuerpo y a través de él con su entorno, como en los gestos y los rasgos que aparecen como elementos que distinguen los diversos estratos sociales, y en las diferencias corporales que iban asociadas (a nivel social como a nivel de género) con la legitimación de ciertas jerarquías, “el cuerpo se configura como un vector que atraviesa los discursos fundamentales de la obra de modo que permite descubrir una amplia parcela del imaginario corporal de una época" (*1) La dualidad-alma cuerpo, tan estudiada por los hombres de ciencia de esta época, se proyectaba en la dualidad hombre-mujer. La mujer es asociada a su cuerpo al extremo de ser identificada con él, con la materia; distinta del hombre, que autor de la historia, es asociado al alma, a lo espiritual. En este trabajo se buscará mostrar de qué manera eran consideradas las mujeres y su peculiar relación con su corporeidad. Corporeidad que se intentaba reprimir, pero que constituía al mismo tiempo objeto de estudio y de fascinación de los eruditos de la época. Se verá también cómo ese cuerpo, asociado a lo infame, era el elemento que hacía posible un modo de vida superior, a través de la sublimación. (*1) PEDRAZ, Miguel Vicente. "El imaginario corporal del «Libro de los Estados». Representaciones somáticas de la sociedad y representaciones sociales del cuerpo en la obra política de Don Juan Manuel". (Material cedido por la cátedra en disquette). |
II - DISCURSOS SOBRE EL GÉNERO II. 1. El discurso masculinoLo que constituye la mujer es la visión que de ellas tienen los hombres, la misma transmite a las mujeres los modelos y las reglas de comportamiento que deben seguir y evidencia el lugar que les era asignado. La gran discriminación a que fueron sometidas las mujeres y lo beneficioso que les resultaba a los hombres que fueran relegadas a una categoría inferior de ser humano se puede entender también desde el punto de vista socioeconómico. De esta manera, las mujeres eran incapaces de administrar sus propios bienes y quedaban incluso a veces privadas de sus herencias. Estas cuestiones sin duda influyeron en la mirada negativa y despreciativa que sobre las mujeres posaron educadores y moralistas, y la imagen nociva que de ellas se inculcaba a los niños. Pero no debe verse en lo económico el motivo fundamental de esta exclusión, la principal mirada sobre ellas era la de los clérigos y hombres de ciencia, y estaba inspirada en el temor. El discurso del hombre medieval sobre lo femenino está marcado por el miedo, miedo a lo desconocido del mundo íntimo, de la naturaleza de la mujer. “En la literatura religiosa masculina, sobre todo en la monástica, la mujer es despojada de toda humanidad, de toda riqueza psicológica: no es otra cosa que la proyección del deseo (culpable) del hombre.”(*2) Este temor hacía que los hombres las recluyeran. El mejor lugar cerrado de la casa era la ‘cámara de las damas'. En este lugar, que era extraño, ajeno a los varones, las mujeres ocupaban el tiempo trabajando y rezando. Pero, persuadidos de la perversidad inherente a la condición femenina, los hombres inquietados estaban convencidos de que en la reclusión, todas juntas, seguramente estarían haciendo algo malo. “En un tiempo en el que la Iglesia seguía conservando aún casi íntegro el monopolio de la escritura, razón por la que prácticamente sólo es accesible al historiador el pensamiento de los eclesiásticos, son los moralistas quienes parecen sentirse más inequívocamente obsesionados por la inquietud de los placeres culpables a los que, sin ningún género de dudas, se entregan las mujeres en el gineceo, o bien solas, o bien con sus compañeras y con los adolescentes.”(*3) Los hombres siempre se sentían engañados por ellas. Los conocimientos que poseían las mujeres se transmitían de generación en generación. Este saber era inaccesible a los hombres, los perturbaba y les hacía sentirse impotentes ante los sortilegios que las mujeres eran capaces de realizar. Sin duda ellas, portadoras de los sortilegios y los venenos, eran las responsables de las enfermedades y de las muertes inesperadas dentro de la casa. El mundo de las mujeres era el mundo misterioso de los nacimientos, de los enfermos y los muertos, ya que estos eran todos quehaceres que involucraban la acción femenina y en este pequeño espacio retirado la señora era la soberana, “bajo la autoridad de la mujer, en lo más privado, se extendía el dominio tenebroso del placer sexual, de la reproducción y de la muerte.”(*4) II. 2. Discursos sobre las jerarquías del géneroLas disertaciones sobre la jerarquía del género se fundamentan en la diferencia sexual. La sociedad ‘de los hombres' se dividía principalmente en monjes, caballeros y campesinos. La mujer no tenía cabida en este esquema, ella era una categoría distinta, caracterizada por su cuerpo, por su sexo. El discurso sobre lo femenino lleva implícita la intención de establecer la desigualdad jerárquica entre hombres y mujeres. Desde la lectura del relato bíblico de la Creación, y más aún con la Caída, se justifica la posición de sumisión de la mujer con respecto al hombre. Dios crea a Eva de una costilla de Adán, y éste le pone su nombre, marcándose de este modo la autoridad masculina y subordinación de la mujer al varón. “Después dijo Yavé: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude.»… Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Y le sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. De la costilla que Yavé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada.” (*5) El varón fue creado primero, es imagen de Dios más próxima al original, es la culminación de su obra. Su naturaleza es más perfecta que la de la mujer quien, al ser formada desde el hombre, constituye una forma de humanidad secundaria y por lo tanto inferior a la varonil. Así lo interpretaban: “ Et otrosí, quiso que fuese fecha de una costiella del omne, por razón que la muger es una partida del omne, pero non es tan conplida commo [él]. Porque da a entender que, pues non es tan conplida commo él que sienpre el omne deve aver señorío et mejoría de la muger, et así, todo esto fue fecho con razón.”(*6) Esta subordinación natural que Eva vive en armonía con su esposo se transforma al momento de la caída en una situación de sufrimiento. “ A la mujer le dijo: «Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará» .”(*7) Esta condena a vivir bajo la dominación del marido acompañara a cada mujer durante toda su vida. “Pero quiero recordarles que todo varón tiene a Cristo por cabeza, mientras que la mujer tiene al varón por cabeza; y Dios es la cabeza de Cristo… El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen de Dios y refleja su gloria, mientras que la mujer refleja la gloria del hombre. En efecto, no fue el hombre formado de la mujer, sino la mujer del hombre. Ni tampoco creó Dios el hombre para la mujer, sino a la mujer para el hombre. Por tanto, en atención a los ángeles, la mujer debe llevar sobre su cabeza el signo de su dependencia .”(*8) Los comentaristas del Nuevo Testamento deducen de esto un orden jerárquico en el universo; el Texto sagrado sanciona la sumisión de la mujer al hombre como un elemento esencial para el sostenimiento de dicho orden.(*2) FRUGONI, Chiara. “La mujer en las imágenes, la mujer imaginada.” En DUBY, George y PERROT, Michelle (directores). Historia de las mujeres . Vol. 2: La Edad Media. Ed. Taurus. España. 1992. p. 440 . (*3) DUBY, Georges. “La vida privada en las familias aristocráticas de la Francia feudal - Convivialidad”. En ARIÈS, Philippe y DUBY, George (directores). Historia de la vida privada. Vol. 3: Poder privado y poder público en la Europa feudal (volumen dirigido por G. Duby). Ed. taurus. Madrid. 1990. p. 90-91. (*4) Ibid . p. 91 . (*5) Gn. 2, 18,21-24. (*6) DON JUAN MANUEL. Libro de los Estados. II, III en PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*7) Gn. 3, 16. (*8) I Cor 11, 3,7-10. |
III - LA POSICIÓN DE LA MUJER III. 1. La sumisión de la mujerEstas metáforas, junto con las de Cristo casado con su Iglesia son elocuentes: la mujer queda sumisa al hombre, la obligación de la esposa de obedecerle y rendirle reverencia no se discute ni en los escritos religiosos ni tampoco en los laicos. La mujer debe ser disciplinada y respetar en todo momento a su marido, de lo contrario él podrá castigarla. Tiene todo el derecho de hacerlo ya que es el amo de su cuerpo “el alma de la mujer corresponde a Dios; el cuerpo, al marido.” (*9) Éste debe cumplir con su deber de controlar y mantener a su mujer en el lugar que le corresponde, de no hacerlo, es sancionado por la comunidad. Un castigo tradicional para aquél cuando su mujer lo señoreaba era que recorriese el pueblo cabalgando un asno, montado al revés y sujetándole la cola. La insubordinación de la mujer ponía en peligro no sólo el orden privado sino el de la comunidad. De ahí que la misma comunidad juzgara e impusiera el castigo simbólico para mantener la. armonía. Era deber principal del jefe de familia mantener bajo cuidado a todas las mujeres de la casa que dependieran de él, como estas no podían manejar por sí solas sus inclinaciones y su relaciones con los demás, el señor debía controlarlas haciendo ejercicio de su autoridad, demostrando su poder. “Al bueno y al mal caballo, la espuela; a la buena y a la mala mujer, un señor y, de vez en cuando, el bastón.” (*10) Incluso podía “ matar si era preciso, a su mujer, a sus hermanas, a sus hijas, a las viudas y a las hijas huérfanas de sus hermanos, de sus primos y de sus vasallos.” (*11) El hombre es dueño y señor de la mujer, especialmente amo de su cuerpo, que hasta llega a considerarse como una prolongación del propio cuerpo del hombre. Por ello, así como tiene derechos sobre el cuerpo de su esposa también debe cuidar de él: “ Et bien la pudiera Dios criar, et si quisiera, así commo Adám; mas quísola criar de una partida de la carne et de los u[e]sos del omne por dar a entender que la muger que es parte del cuerpo del omne, et que así la deve el omne tener et amar a su muger commo a su cuerpo mismo . ” (*12) De todos modos, la diferencia entre los derechos de unas y otros es abismal. La mujer tiene poder sobre la casa, es ‘la señora' de la misma y la administradora del hogar, la parte femenina de la casa está bajo su mando, y escapa al poder de cualquier varón, excepto el del jefe de la familia. III.2. La función de la mujer: la procreaciónLa mujer fue hecha para la procreación. Esta sentencia aparece una y otra vez. La humanidad era ya perfecta, completa con Adán, sólo le faltaba un instrumento para continuar la especie, y entonces Dios creó a Eva de una costilla de Adán. “Et desque Adam fue criado, veyendo nuestro señor Dios que era mester muger porque oviese [e]n qui pudiese engendrar, fízol adormeçer et sacó dél una costiella , et sobre aquella costiella puso carne et todas las cosas que conplían, fasta que fiza muger conplida...” (*13) Los estudios científicos a partir de las investigaciones realizadas sobre los cadáveres femeninos reforzaron la teoría de que la mujer estaba “ dominada por su matriz, hecha para engendrar y amamantar.” (*14) Las relaciones sexuales en el matrimonio estaban permitidas sólo con este fin. El marido debía procurar no excitar a su mujer, pues no le era lícito el goce. (*15) Al mismo tiempo la mujer, en general mucho más joven que el marido, vivía hasta alrededor de los cuarenta años de un embarazo en otro. Su cuerpo era una especie de ‘humus' en el que la semilla masculina fecundaba. Su función era la de nutrir al hijo que venía. Don Juan Manuel sostenía que “el emperador tiene más obligaciones sociales respecto de sus hijos que respecto de su mujer porque, al fin y al cabo, la mujer no era tenida sino como el instrumento necesario para el mantenimiento de la línea parental.” (*16) (*9) VACCHIO, Silvana. “La buena esposa” (citando la Gloria mulierum de Juan Certosino). En DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit.. p. 178. (*10) KAPLISH – ZUBER, Christiane. “Las normas del control”. DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit. p. 38. (*11) DUBY, Georges. “La vida privada …” (Citando a Paolo da Certaldo). En ARIÈS, P. y DUBY, G. Op. Cit. p. 88. (*12) DON JUAN MANUEL. Libro de los Estados. I, XXVII en PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*13) Ibid. I, XXVII. (*14) KAPLISH – ZUBER, C. “Las normas del control”. En DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit. . p. 38 (*15) Sin embargo existían también teorías a favor de la estimulación de la mujer en el acto sexual para mejorar la calidad de la progenie. (*16) PEDRAZ, M. V. Op. Cit. Y cita: "Bien así commo vos dije que los enperadores non eran tan tenidos a sus mugeres commo a sus fijos, (L.E. I, LXVIII)” . |
IV - EL CUERPO FEMEMINO:
IV. 1. La excelencia del cuerpo masculino frente a la deficiencia del femeninoLas desigualdades entre ambos sexos se traducen en excelencia y deficiencia. Pero a pesar de esto, el principio evangélico de la igualdad de todos los hombres ante Dios no se ve mitigado. A lo largo de todo el pensamiento medieval se manifiesta la idea de que el alma de la mujer tiene la misma dignidad que la del varón. Pero por ejemplo para Tomás de Aquino, la igualdad de las almas femenina y masculina era esencial más no existencial. De cualquier manera, la igualdad de las almas es un tema que queda relegado al plano espiritual, separado del material, en el que se continúa afirmando la superioridad del cuerpo masculino, concebido perfecto por voluntad de Dios. Las ideas científicas de la época reafirmaban esta concepción de la superioridad masculina fundada en la corporeidad. Los sabios sostenían que las mujeres y los hombres no eran más que dos versiones distintas de una misma fisiología. La forma de la excelencia era la del cuerpo masculino, la mujer era una versión deficiente, incompleta de aquel. Incluso se pensaba que los órganos sexuales femeninos eran una reproducción defectuosa, vuelta al revés de los órganos sexuales del varón, “el útero es como un pene invertido o metido dentro” . (*17) Hasta se sostuvo que si por algún motivo los órganos sexuales de la mujer se vieran empujados hacia afuera, esta podría convertirse en hombre. IV. 2. La debilidad de la naturaleza femeninaDébiles, sin firmeza, bárbaras, bestiales, inquietantes, ociosas, lujuriosas, irracionales, falsas, pródigas, lenguaraces, pecadoras… Estos calificativos y otros del estilo no se cansan de aparecer haciendo referencia a la mujer, en los escritos medievales. Muestran la imagen clara que de ella se tenía. La característica principal que la describía era la debilidad. Sí, por la debilidad de su carácter, derivado de la tan estrecha relación con su cuerpo, también débil, Eva había caído en pecado y cada mujer repetiría la historia una y otra vez, a causa de su debilidad son gobernadas por su cuerpo que las insita a lo bajo y pecaminoso. Las mujeres están gobernadas por su sexo que tiende naturalmente al desenfreno y busca el goce carnal en cuanto hombre ve, o también entre las otras mujeres en el gineceo. Buscan aplacar su deseo sexual a través del goce, pero son insaciables, esta capacidad sexual de las mujeres inquieta sobremanera a los hombres. Se creía que en el coito la mujer era estimulada por el semen masculino y por la secreción de su propio semen. Por ello el marido debe hacer un uso prudente de su esposa, desconfiando constantemente de las exigencias de su cuerpo insaciable, ya que, de abandonarse en el deseo y entregarse completamente al placer propio y el de su esposa, quedaría dominado por esta, perdiendo así su autoridad. Además, entra en juego aquí el honor masculino, que dependía en gran parte del comportamiento femenino, ya que seducir a la señora era el gran desafío para todo joven, para manifestar su valor. Así el amo debía procurar no verse infamado, para lo cual era imperioso la vigilancia de las mujeres de la casa y de los que en ella habitaban, “...que aya muy buenos ofiçiales et los [mas] onrados que pudieren ser, segund perteneçe a cada ofiçio. Et señaladamente deve catar que el mayordomo et el chançeller, et el confesor et el físico, et el despenser et los que sirven ante ella, por razón que estos omnes que forçadamente an de aver mayor fazimiento con las señoras, que sena cuerdos et leales, et que se non presçien mucho de su loçanía nin de su apostura, nin sean muy ma[n]çebos...” (*18) Sumamente peligrosa era considerada la ociosidad, ya que en ese instante la mujer era más vulnerable a caer bajo sus viles instintos. Por ello era menester del hombre tenerla siempre ocupada. Las labores a que se disponían tenían como fin paralizar el cuerpo de la mujer y distraer sus pensamientos para que no se extravíe en delirios peligrosos para el honor de la familia. Sobre todo se trataba de educarla a través de la vergüenza, buscando fomentar el autocuidado, pero esto era considerado algo bastante difícil, sólo algunas pocas mujeres tenían éxito. La mayoría de ellas debían estar siempre ocupadas para evitar caer en pecado. “La preocupación más profunda que aflora en esos textos es la de neutralizar la naturaleza femenina, inestable y frágil, obligándola a una actividad sin fin.” (*19) IV. 3. El cuerpo femenino como instrumento de perdiciónRepetidamente se insiste en lo efímero e inconsistente de la belleza del cuerpo femenino. Como por fuera resulta agradable y tentador se advertirá sobre lo que es en realidad: vestimenta de podredumbre, comida de gusanos. Los clérigos ponían especial énfasis en el aspecto temporal del cuerpo, en su aspecto de descomposición, buscando así alejar a los hombres de Iglesia de la tentación carnal. "La belleza del cuerpo sólo reside en la piel. En efecto, si los hombres vieran lo que hay debajo de la piel, la visión de las mujeres les dará náuseas”. (*20) El principal pecado era la fornicación. De ahí que aparezcan incluso escenas del matrimonio como un acto de tentación demoníaca. La mujer cargaba con el peso del pecado original, y lo transmitía a través de la unión sexual. En esta época existía la creencia de que la lepra se transfería por medio del coito, esto sin duda reforzó el sentimiento de culpa, de pecado, que va asociado con el acto sexual. “Así, habida cuenta de los conocimientos científicos, en la Edad Media se considera a la mujer al mismo tiempo como el instrumento del pecado, merecedora del castigo divino, y agente de la transmisión de una enfermedad que señala este pecado a los ojos de la colectividad.” (*21) Tan íntima era la relación entre la mujer y la carne, y la creencia tan establecida de que la mujer estaba dominada por su cuerpo, que hablar de pecados femeninos, o provenientes de la mujer, equivalía a decir pecados provocados por la carne, en relación con el sexo. A modo de ejemplo Chiara Frugoni menciona un manuscrito de finales del siglo XI en donde están representados los vicios y las virtudes. Comenta que en general se necesita algún atributo característico para la representación de cada vicio, mientras que “ para la de la Lujuria basta con el cuerpo de la mujer, en sí mismo ya toda una alegoría.” (*22) El cuerpo femenino, campo para la tentación demoníacaEva, la mujer, se deja seducir por el demonio y trae al mundo el pecado original, contaminando al hombre con él, ingresando en el mundo la desgracia y la muerte, perdiendo el estado paradisíaco. “ Se trata, efectivamente, de una concepción en la que el pecado aparece como algo originariamente femenino y corporal que alimenta cierta consideración del medioevo cristiano… Et a la ora que lo ovieron comido, entendieron qué era bien et mal, et que avían caído en pecado [et] obieron vergüença porque estavan desnudos, lo que ante non avían. Et tomaron de las fojas de las figueras... et cubrieron con ellas los lazares de sus cuerpos que eran más vergonçosos de paresçer descubiertos... (L.E. I, XXXVIII)” (*23) La mujer no sólo se deja seducir por la serpiente, a menudo, la serpiente misma se presenta bajo la forma femenina, ya sea apareciendo con rostro de mujer, con pechos, con vestimentas femeninas, en algunos casos casi enteramente antropomorfizada. “Los Padres del Desierto habían prevenido: el demonio adora disfrazarse de joven hermosa.” (*24) Precisamente, la mujer bella era la más peligrosa y temida (sobre todo por los clérigos) y por lo tanto desaprobada. La mujer bonita despertaba la libido en el hombre incitándolo al pecado, “hay mujeres adornadas y pintadas que encienden la lujuria de los hombres, pierden la castidad, destruyen la paz familiar y provocan luchas entre las familias.” (*25) Pecados de las mujeres y pecados de los varonesEl pecado aparece como algo originariamente femenino. La mujer es ‘la pecadora' y por lo tanto la enemiga del hombre y del camino espiritual. Sobre ella cae toda la responsabilidad de esta existencia de sufrimiento, ella tentó al mal: “Tú eres la puerta del Diablo, tú has consentido a su árbol, tú has sido la primera en desertar de la ley divina.” (*26) Ella corrompió con su falta a Adán y, al introducir el pecado en el mundo se convirtió en la responsable de la muerte de Cristo, que tuvo que perecer en la Cruz para redimirlos. Los hagiógrafos eran proclives a advertir en las mujeres faltas de origen carnal, impulsos de su naturaleza quebrantable, mientras que a los hombres se los suponía siendo pervertidos por las mujeres. Es decir que los pecados de las varones procedían de su exterior, generalmente del ofrecimiento lujurioso de las mujeres. La falta en el hombre era la incapacidad de controlar sus impulsos, pero queda remarcado que el motor del pecado le es extraño, mientras que en la mujer es inherente a su naturaleza. “Las mujeres no deben esforzarse en nada, porque su cuerpo mismo las empuja inexorablemente a la transgresión, no son un sujeto pecador, sino un modo de pecar, ofrecido al hombre.” (*27) Por ello el hombre debía poner especial cuidado en no fijarse demasiado en las mujeres, cuya sola mirada ya era peligrosa. Don Juan Manuel recomienda acerca de las doncellas de la casa: “ que non sean cobdiçiosas, nin muy mançebas nin muy fermosas”. (*28) (*17) WALKER BYNUM, Caroline (citando a Henry de Mondeville y Guy de Chauliac, cirujanos del siglo XIV). "El cuerpo femenino y la práctica religiosa en la Baja Edad Media". En FEHER M., NADAFF R. y TAZI N. (editores). Fragmentos para una historia del cuerpo humano , I. Ed. Taurus. Madrid. 1990 . p. 185. (*18) DON JUAN MANUEL. Libro de los Estados. I, LXVI en PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*19) KLAPISCH-ZUBER, Christiane “La mujer y la Familia”. En LE GOFF, J. El hombre medieval. Ed. Alianza Editorial. Madrid. 1991. p. 320. (*20) DALARUM, Jacques. “La mujer a los ojos de los clérigos”. En DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit. p. 46: “En el siglo X, Odon de Cluny (†942), al recoger la advertencia de Juan Crisóstomo (†407) contra Eva, inspiraba a sus monjes los mismos saludables terrores: «La belleza del cuerpo sólo reside en la piel. En efecto, si los hombres vieran lo que hay debajo de la piel, la visión de las mujeres les dará náuseas…»” (*21) THOMASSET, Claude. “La naturaleza de la mujer”. En Ibíd . p. 103 . (*22) FRUGONI, Chiara. “La mujer en las imágenes, la mujer imaginada.” En Ibíd . p. 446 . (*23) PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*24) L'HERMITTE LECLERQ, Paulette. “La mujer en el oriente feudal (siglos XI y XII). En DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit. p. 289 . (*25) CASAGRANDE, Carla. “La mujer custodiada”. Ibíd . p. 132. (*26) VACCHIO, Silvana. “La buena esposa” (citando a Tertuliano -†c.223-). En Ibíd . p. 178. (*27) FRUGONI, Chiara. “La mujer en las imágenes, la mujer imaginada.” En Ibíd . p. 443. (*28) DON JUAN MANUEL. Libro de los Estados. I, LXVI en PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). |
V - LA SUBLIMACIÓN V. 1. El cultivo de las virtudesEn la Edad Media existe una clara negación del cuerpo, considerándolo bajo, peligroso, por ser campo de la tentación demoníaca y el lugar de los vicios. Por otro lado, el cuerpo se representará como el lugar donde se manifestará la superación y sublimación de aquellos vicios. El cuerpo es el instrumento por medio del cual el hombre pierde su estado de virtud, es echado del Paraíso, pero es merced al mismo cuerpo que el ser humano superará los vicios, cultivando las virtudes contrarias, que se manifestarán, de hecho, corporalmente. Las palabras dirigidas a las mujeres que aparecen constantemente en la literatura pastoral y didáctica evidencian el modelo femenino de la época. Se llamaba a las mujeres a la práctica de la templanza, especialmente la modestia y la castidad, porque se concebía que la mujer estaba naturalmente inclinada hacia los vicios opuestos, por lo tanto debía ser muy cuidadosa en sus expresiones, tanto en la palabra emitida como en la mirada, los gestos, las prendas con que ataviaba, el maquillaje, los adornos. Lo que no significaba un rechazo total al arreglo y el vestido, de hecho, socialmente era muy importante cómo se presentaba la mujer en público, y estaba bien visto que se arreglase para agradar al marido, pero siempre que esto se hiciese con moderación. Era imprescindible la mesura en todas las expresiones externas, el cuidado de no volcarse totalmente hacia afuera. Era en realidad una forma de introspección, el recogimiento en función de una realización espiritual. Los modos externos manifiestan la interioridad. Suprimiendo (idealmente por medio de la sublimación) las manifestaciones corporales, la mujer se va alejando, va enalteciendo sus pasiones, sus tendencias naturales, y se acerca a una forma de ser más humana, menos imperfecta, menos ‘femenina'. Cabe señalar la importancia de la educación para que la mujer tienda por convicción propia a la búsqueda de estas virtudes como la castidad, la parquedad en los gestos, la modestia, el pudor, la prudencia, etc. Son virtudes precisamente porque se practican en libertad, no sirve que sean impuestas desde afuera por los padres, los educadores, los maridos. Ciertamente, la mayoría de las mujeres no puede alcanzar estas virtudes, o al menos es lo que sostienen los hombres, por eso deben insistir en la educación, para que las tengan como ideales, pero sin por ello dejar de cuidarlas y vigilarlas, manteniéndolas lo más recluidas posible, de modo de alejarlas de la tentación en la que caerían casi inevitablemente de no estar controladas. V. 2. El ideal femenino de perfecciónEl camino de perfección que se les propone a las mujeres es un camino de interiorización, a través de un paulatino alejarse del mundo, que busca en la soledad la profundización de su devoción interior. El ámbito ideal para dicha interiorización es la alcoba, adecuadamente provista de los objetos devocionales necesarios para la oración y la contemplación, el crucifijo, el rosario, etc. La Madre de Jesús es el ejemplo ideal “: ‘Que la mujer imite a la Virgen María, que no salía de su casa para charlar a diestro y siniestro, echarles el ojo a los tipos guapos y andar pegando la oreja a las cosas vanas. No, permanecía encerrada, sujeta, en lo secreto de una casa como es debido'.” (*29) Pero si bien la Vírgen se presenta como el modelo, la vida de la Virgen no deja de verse como una negación de la corporalidad femenina, ya que su cuerpo no sigue las reglas propias de un cuerpo humano. La Inmaculada Concepción que la exime de la marca del Pecado Original, la Anunciación y la Visitación que marcan el nacimiento espiritual de Cristo y el mantenimiento de la virginidad de María hacen de ella una propuesta difícil de imitar. V. 3. La mujeres castas: vírgenes, viudas y casadasDentro del círculo femenino se distinguen tres categorías de mujeres prestigiosas, que son incesantemente enaltecidas por santos y sabios: las vírgenes, las viudas y las mujeres casadas. Poseen valores e ideales comunes y se comportan de manera ejemplar, avocándose a la plegaria y el recogimiento, siendo sobrias en los gestos y palabras, sencillas en el atuendo y frugales en la alimentación. Son fundamentalmente cuerpos consagrados a la Iglesia o a la familia. Las vírgenes se ofrecen enteramente a la vida espiritual, las viudas son aquellas mujeres que han dejado de lado las demandas de la carne y se brindan también fuertemente a la vida religiosa, y las mujeres casadas se entregan a su marido y realizan el acto sexual como un sacrificio, con el sólo fin de perpetuar la familia, pero con una ausencia total de cualquier tipo de goce. La integridad del cuerpo determina una graduación de los diferentes modos de castidad. “ La castidad del alma de las vírgenes, de las viudas y de las mujeres casadas es distinta porque distinta es la castidad de sus cuerpos…Vírgenes, viudas y mujeres casadas no representan tan sólo tres modalidades posibles de la castidad, sino también tres grados de posible perfección de esta virtud.” (*30) Sin embargo, si bien estas mujeres eran tomadas como modelos, sólo se podían considerar santas las vírgenes, y una vez que hubiesen fallecido, asegurándose así la virginidad perpetua, ya que mientras permanecieran en este mundo cabía la posibilidad de una violación o de que incurrieran en tentación. De hecho la principal hazaña que podía realizar una mujer era entregar su vida en defensa de su integridad. En cuanto a la relación entre la incorruptibilidad del cuerpo y la del alma, un buen ejemplo es el de las santas que muchos años después de haber fallecido conservaban sus cuerpos intactos. V. 4. Las relaciones entre el cuerpo y el almaDios hizo al hombre "compuesto de alma y de cuerpo para que tuviera parte de Dios (que es cosa espiritual) y parte del mundo (que es cosa corporal)” (*31) Este tema del alma y el cuerpo fue objeto de gran controversia, Tomás de Aquino concebía al ser humano como un alma que se sirve de un cuerpo, elemento necesario al alma (por ejemplo sin el cuerpo el alma carecería de memoria). Pero sostenía que el alma era quien le daba la forma al cuerpo, era ‘la corporeidad' (*32) del cuerpo. Se comprendía al cuerpo y al alma como en una constante lucha, el alma ennegrecida por la carne, siendo ambos componentes del individuo con diferencias de naturaleza: “naturaleza que se aproxima a la divinidad en lo que toca a la racionalidad-espiritualidad del alma, y naturaleza cercana a la animal en lo que a la composición, funciones y mortalidad del cuerpo se refiere.” (*33) En la religión de los siglos XIII al XV se le dio extrema importancia al cuerpo, especialmente al cuerpo femenino, en gran parte debido a los procesos somáticos ligados con experiencias místicas, desencadenados por un número considerable de mujeres. En este período la relación entre cuerpo y alma se veía más estrecha que lo que se había considerado hasta entonces. La persona humana se comprendía como una unidad psicofísica, aunque sin negar la distinción entre cuerpo y alma. De hecho el cuerpo siguió siendo percibido en relación a la carne, el pecado, lo pasajero, como rebajando al espíritu, siempre se entendió como inferior al alma, no dejó de ser el lugar de la descomposición. sólo se reconstituiría al final de los tiempos al resucitar por la gracia de Cristo. El alma, en cambio se consideró siempre inmortal. V. 5. El hombre y la mujer: divinidad y humanidad de CristoTanto la tradición religiosa como la científica y la popular que hermanaban a las mujeres con el cuerpo, la lujuria, la debilidad y la irracionalidad, asociaban al hombre con el espíritu, la conciencia, la inteligencia, más próximo a Dios, “Et semeja el omne en la razón a Dios, et en el entendimiento, et en el libre albedrío. Por estas cosas que puso Dios en el omne, dixo quel quería fazer a su imagen et a su semejança, por estos cunplimientos et mejorías quel dio más que a todas las otras cosas...” (*34) Esta concepción y la particularidad del Medioevo de utilizar símbolos de a pares, llevó a muchos a ver al hombre como un símbolo de la divinidad de Cristo y a la mujer como un símbolo de su humanidad. “La analogía se refleja en numerosos textos medievales que cuentan que Cristo se casó con la naturaleza humana del mismo modo que un hombre desposa a una mujer, y esto también se encuentra implícito en las miniaturas que representan no sólo a la ecclesia, sino también a la humanitas como si fueran mujeres.” (*35) V. 6. La espiritualidad femenina, una espiritualidad somáticaEl ser humano es comprendido como una unidad psicosomática. La dualidad alma-cuerpo está siempre presente en la concepción medieval, la carne es entendida como prisión del alma, fuente de tentación y tormento. Por otra parte, el cuerpo es esencial para la persona, para su existencia, y es considerado una ayuda eficaz para el encuentro con Dios. Será resucitado y glorificado el día del Juicio Final. Ortega y Gasset señala que en la mujer, cuya relación con el cuerpo es más estrecha que en el caso del hombre, su alma "está más fundida con su cuerpo que el hombre; es decir, su alma es más corporal, pero, viceversa, su cuerpo convive más constante y estrechamente con su espíritu" . (*36) La santa Cristina La Arrobada, en el siglo XIII hablaba de su propia experiencia religiosa. “¡Oh, miserable y desdichado cuerpo!…¿Por qué me impides ver el rostro de Cristo? ¿Cuándo vas a abandonarme de manera que mi alma pueda volver libremente a su Creador?”… “¡Oh, alma miserable! ¿Por qué me atormentas de esta manera? ¿Qué es lo que te retiene en mí y qué es lo que te gusta de mí?”…“¡Oh, mi muy amado cuerpo!… es el fin de tus penas, ahora descansarás en el polvo y dormirás poco tiempo, por fin, cuando la trompeta suene, te levantarás de nuevo purificado de toda corruptibilidad y te reunirás en felicidad eterna con el alma que has tenido como compañera en la tristeza presente.” (*37) Entre los siglos XII y XV el cuerpo femenino adquiere un nuevo significado religioso La espiritualidad de la mujer será particularmente corpórea. “La peculiar relación que la mujer establece con su cuerpo; esta como consecuencia de la confusión y debilidad hace que sus sensaciones orgánicas sean más vivas y más intensas, hace que «...su cuerpo exista para ella más que para el hombre el suyo» de tal manera que «...está más fundida con su cuerpo que el hombre; es decir, su alma es más corporal, pero, viceversa, su cuerpo convive más constante y estrechamente con su espíritu».” (*38) Las mujeres, mucho más que los hombres, tendían a somatizar sus experiencias religiosas, y cuando escribían lo hacían haciendo uso de alegorías corporales. En sus experiencias místicas tenían visiones físicas de Dios, y realizaban las tareas a las que estaban habituadas, también en relación con el cuerpo. Por ejemplo bañaban y amamantaban niños, recibían el cuerpo muerto de Cristo y se desconsolaban como la Virgen. Incluso se fundían en el cuerpo de Cristo, podían hacer esto pues ellas mismas eran cuerpo. Así como la mujer se asociaba con la carne, el cuerpo de Dios se asociaba con el cuerpo femenino. Equiparada como estaba la mujer a su cuerpo, éste será el medio en el cual se manifestará la unión con lo divino. “Los casos más extraños asociados a las mujeres (por ejemplo, estigmas, incorruptibilidad del cadáver al morir, lactancias místicas y embarazos, trances catatónicos, hemorragias nasales extáticas, milagrosas inedias, pus comestible y bebible, visiones de hostias sangrantes) aparecen por primera vez en los siglos XII y XIII o bien significativamente se hacen muy frecuentes en esta época.” (*39) No es de extrañar que en este período se le concediera un significado religioso a los procesos orgánicos femeninos, si se considera que la misma carne de Cristo realizaba actos privativos de mujeres tales como sangrar, nutrir y dar nacimiento a una nueva vida. (*29) DE LA RONCIÈRE, Charles. “La vida privada de los notables toscanos en el umbral del Renacimiento - La intimidad privada frente al mucho exterior”. En ARIÈS, P. y DUBY, G. Op. Cit. . p. 287-288 . (*30) CASAGRANDE, Carla. “La mujer custodiada”. En DUBY, G. y PERROT, M. Op. Cit. p. 118. (*31) PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*32) WALKER BYNUM, C. Op. Cit. Nota 130: “ Summa contra gentiles 4, cap.81, pár. 7…: “La corporeidad, con todo, puede ser considerada de dos maneras. por un lado, como la forma sustancial de un cuerpo… Por tanto, la corporeidad, como forma sustancial en el hombre, no puede ser otra cosa que el alma racional” . p. 2 2 2. (*33) PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*34) DON JUAN MANUEL. Libro de los Estados. I, XXVII en PEDRAZ, M. V. Op. Cit. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*35) WALKER BYNUM, C. Op. Cit. . p. 185. (*36) PEDRAZ, Miguel Vicente. “Cuerpo y sociedad en el pensamiento de Ortega y Gasset” Revista de Educación Física. Nº 63. La Coruña. 1996. (Material cedido por la cátedra en disquette). (*37) “Life of Christina Mirabilis”, cap 5, núm. 36, párrafos 47-48 , AASS, julio, vol. 5, págs. 658-59; rrad. Margot H. King, The Life of Christina Mirabilis, Matrología latina 2, Saskatoon, Peregrina, 1986, págs. 27-28. En WALKER BYNUM, C. Op. Cit. . p. 224. (*38) PEDRAZ, Miguel Vicente. “Cuerpo y sociedad …” (Material cedido por la cátedra en disquette). (*39) WALKER BYNUM, C. Op. Cit. . p. 174. |
VI - CONCLUSIÓN : Sin duda la mujer no ocupa un lugar envidiable. Vistas las cosas siempre desde la perspectiva masculina, y teñida esta visión por los propios temores de los varones ante lo misterioso de lo femenino, ejerciendo su poder y también buscando la justificación de la supremacía masculina, se llevan a cabo tratados de moral, religiosos, científicos, que ven en la mujer un ser inferior, dominado por su cuerpo (asociado con lo bajo) que representa un peligro para el hombre ya que por medio de su poder de seducción lo incita a alejarse de los bienes del espíritu. Por eso esta criatura débil, libidinosa, debe mantenerse siempre bajo estricto control, pues el orden familiar, y por ende la armonía de la sociedad, corren peligro. Dentro de este marco la mujer sólo puede realizarse rechazando la influencia corporal por medio de la castidad. Los tres grupos aceptados en la sociedad serán las vírgenes, las viudas y las mujeres casadas. Desde la concepción mujer-cuerpo, hombre-alma, tan fuerte en el imaginario de la época, aceptada tanto por hombres como por mujeres, se estudiarán el cuerpo femenino, las relaciones del hombre y la mujer, e incluso la relación de la mujer con lo Trascendente, ya que la espiritualidad femenina tendrá sus propias características: será en esta época una espiritualidad somática. LEDA PILELLO |
VII -BIBLIOGRAFÍA ARIÈS, Philippe y DUBY, George (directores). Historia de la vida privada . Vol. 3: Poder privado y poder público en la Europa feudal (volumen dirigido por G. Duby). Ed. taurus. Madrid. 1990. DUBY, George y PERROT, Michelle –directores-. Historia de las mujeres. Vol. 2: La Edad Media. Ed. Taurus. España. 1992. La Biblia. Ed. Paulinas Verbo Divino. Madrid. 1986. LE GOFF, Jacques -director-. El hombre medieval . Alianza Editorial, Madrid 1991. PEDRAZ, Miguel Vicente / Brozas Polo, Mª Paz. “La instalación corpórea: el cuerpo o la realización mundana de la vida en el pensamiento de Julián Marías” Revista de Educación Física. Nº 71. La Coruña. 1998. (Material cedido por la cátedra). PEDRAZ, Miguel Vicente. "El imaginario corporal del «Libro de los Estados». Representaciones somáticas de la sociedad y representaciones sociales del cuerpo en la obra política de Don Juan Manuel". Studia Historica, Historia Medieval . Vol. 12. Universidad de Salamanca. Salamanca.1994. (Material cedido por la cátedra). PEDRAZ, Miguel Vicente. “Cuerpo y sociedad en el pensamiento de Ortega y Gasset” Revista de Educación Física. Nº 63. La Coruña. 1996. (Material cedido por la cátedra). WALKER BYNUN C. "El cuerpo femenino y la práctica religiosa en la Baja Edad Media". En FEHER M., NADAFF R. y TAZI N. (editores). Fragmentos para una historia del cuerpo humano , I. Ed. Taurus. Madrid. 1990. |